Los planes de alimentación específicos son aquellas pautas de alimentación que debemos seguir en determinadas circunstancias.

Hay muchos casos en los que sabemos que tenemos que modificar nuestros hábitos alimenticios, pero ignoramos cómo. Por ejemplo, si el médico nos ha diagnosticado hiperglucemia (aumento de azúcar en sangre) o ha detectado cifras elevadas de colesterol o triglicéridos.

También deben adecuar su dieta los enfermos de gota o las personas con intolerancia al gluten o a la lactosa. Asimismo, otras molestias más comunes, como el estreñimiento, los gases o las digestiones difíciles y pesadas, son motivo de un cambio en nuestros hábitos a la hora de comer.

En otros casos esta necesidad se debe a situaciones determinadas, como el embarazo, la menopausia, el dejar de fumar o la práctica de algún deporte, que exigen cambios en la alimentación que hemos llevado hasta el momento y que tal vez ya no sea la más adecuada. O sencillamente porque queremos aprender a comer de forma saludable.

Todos y cada uno de estos casos requieren unos planes de alimentación específicos.