El verdadero oro de América era comestible

¿Cuál es la imagen que tenemos más estrechamente asociada al descubrimiento de América? Seguramente una de ellas sea la búsqueda de oro por parte de los conquistadores. Esta imagen está presente en muchas películas. Los conquistadores codiciosos se dedican a la búsqueda del mítico El Dorado, para enriquecerse de forma rápida.

Aunque lo anterior no puede negarse, el oro no fue la consecuencia más importante del descubrimiento. El efecto más profundo y duradero fue un intercambio cultural muy amplio entre las dos sociedades. Dentro de ese intercambio, los alimentos y las costumbres culinarias jugaron un papel fundamental.

En la América prehispana existía un déficit notable de proteínas de origen animal. Esto se debía a que la llama y el avestruz eran las únicas especies abundantes y, por tanto, posible fuente de carne. Los españoles pronto llevaron a las tierras americanas aquellos animales que formaban parte importante de su dieta. Así, primero los cerdos y luego el ganado vacuno fueron introducidos en América y se multiplicaron con gran rapidez. Sin duda, de este intercambio se beneficiaron las nuevas poblaciones. ¿Os imagináis la cocina argentina sin sus asados?

En sentido contrario, el pavo fue la principal aportación de América a las cazuelas europeas. En España se conocía como “gallipavo” en España, dado que conocíamos las gallinas y el pavo real, pero no el pavo común.

Por otra parte, muchos vegetales fueron traídos de América y hoy son parte fundamental de nuestra dieta. Entre estos, como todos sabemos, figuran a la cabeza las patatas y el maíz. Tal vez nos sorprenda que en un principio no tuvieron gran aceptación y se utilizaban fundamentalmente como alimento para los animales.

El pan de trigo se consideraba superior al de maíz y las patatas se tacharon de insípidas y sin interés culinario. Sin embargo, luego han sido parte fundamental de uno de nuestros platos más conocidos, la tortilla española. La patata empezó a ganarse su lugar en España tras la gran escasez de alimentos de comienzos del siglo XIX, a causa de las guerras napoleónicas.